martes, 21 de octubre de 2008

IN MEMORIAM: AMALIA FILLOY SEGOVIA ET ANTONIO LÓPEZ EIRE. JAIRETE!






Desde que leí en verano la noticia del accidente en Barajas, venía rondándome la cabeza la idea de escribir acerca de una persona desconocida por mí que exhaló su último y heroico hálito entre los restos metálicos, negros e hirientes de aquel avión de Spanair (Tenues recessit in auras, Aen II,791). Esa desconocida se llamaba Amalia, era salmantina y licenciada en Filología Clásica.
Una semana antes yo misma había despegado y aterrizado en ese mismo aeropuerto con mi hijo, lo que hizo más empática mi percepción de aquel trágico accidente.
Amalia, como buena filóloga, cumplió lo que llevaba escrito en su nombre y apellidos: entregó en sus brazos a un bombero a su hija pequeña y dijo "salve a mi hija primero". El bombero salvó a su hija, pero, cuando volvió, Amalia Filloy Segovia había muerto. Amalia amó a su hija por el camino de la victoria ( sic, sic iuvat ire sub umbras, Aen IV 660). Toda una heroína mitológica. Y, aunque no haya coincidido cronológicamente en la Facultad de Salamanca contigo, aunque hayamos sido dos desconocidas, no necesito más para saber quién eres y la huella clásica que has dejado como heroica madre. Ya estás entre todos nuestros dioses y héroes.
Un mes después, una amiga me informaba de la muerte de mi profesor de Griego de 5º de carrera, Antonio López Eire. Fallecía en un accidente de tráfico(los clásicos no nos llevamos muy allá con las máquinas) cuando conducía su vehículo a Salamanca, donde, al día siguiente, hubiera comenzado el curso 2008-2009. La noticia no ha salido en la tele, se ve que este medio de incomunicación tiene noticias más importantes que propalar.
Recuerdo mucho su bondad, su sonrisa cuando traducíamos en clase a Aristófanes. Era una bellísima persona, un helenista de cuidado. Qué rabia que se va ahora, cuando formaba parte de un grupo internacional de investigación que se ocupa de temas de Poética y Retórica antiguas y modernas, integrado por H. Beristáin, U. Eco, G. Kennedy, J. J. Murphy, G. Ramírez, L. Rossetti, T. Van Dijk, y otros. Qué rabia por los alumnos que le venían este año. Menos mal que tenemos todos tus libros y tu recuerdo. Gracias por tu labor y tu legado. Meriti tanti non immemor umquam (Aen. IX, 256)

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