miércoles, 3 de octubre de 2007

EL CAPITÁN OSCENSE QUE SE ANDUVO POR LOS CERROS DE ÚBEDA

Si la entrevista del Director Provincial hubiera tenido lugar estando presentes Antonio Quilis o Rafael Lapesa, al que ejerce el cargo de dirigir la educación oscense ni se le hubiera ocurrido proferir la frase de que hay que estudiar la lengua árabe a causa de las centurias que por suelo hispano deambularon y habitaron los musulmanes. En lingüística, en concreto en la española, no es la duración del contacto inter linguas lo que cuenta, sino el aporte real y el estudio estadístico de la influencia de las diferentes lenguas con las que el LATÍN hispánico fue tomando contacto, bien como sustrato, adstrato o superstrato. Contestar con este mensaje a una solicitud de apoyo para con la materia de Cultura Clásica es, definitivamente, andarse por los cerros de Úbeda, técnica psicológica de desfocalización de la atención, muy utilizada por los políticos cuando no desean responder a una pregunta o petición.
Habría que haberle recordado al capitán de la educación oscense que la entrevista se realizaba en latín, en latín evolucionado, pero latín al fin y al cabo y que ese día no acudió, quizá, antes de su cita, al alfayate y al alfajeme para ponerse guapo, sino al sastre y al barbero, término occitano y germánico incorporados, respectivamente, en nuestro latín hispánico. Es una pena que "Bajo la fuente” (itur-be) no se escucha el rumor del caudal latino de nuestros ríos...

La influencia del árabe fue muy escasa en el español, pese a los siete siglos de presencia musulmana en España y, es que, a la postre, hemos resultado apenas “algarabiados”.
A pesar de la creencia de Nebrija y otros gramáticos posteriores, en el aspecto fonológico el árabe no ejerció ningún influjo en los fonemas españoles, aunque Malkiel reconoce el posible influjo en la introducción de polisílabos y en el incremento de términos oxítonos y proparoxítonos.
En el nivel morfológico sólo nos legó el sufijo –í, por ejemplo jabalí o gentilicios como marroquí. El prefijo latino “ad” formaba ya verbos causativos, por lo que no parece atribuible a influjo árabe en el prefijo español a- en verbos como aminorar o acalorar. Eso sí, por contagio de los arabismos, palabras españolas de otras procedencias han tomado a- o al- protéticas, como madreña<*materinea, pues en algunas zonas se dice almadreña; otras voces han introducido l epentética en su sílaba inicial,v.gr. amiddula>almendra o han cambiado en l otra consonante en posición implosiva, como *admordiu>almuerzo.
Del árabe pasaron al romance fórmulas hoy ya en desuso, como que Dios guarde, Bendita sea la madre que te parió, Dios le ampare etc. que perviven- como señala María Victoria Romero- sólo entre personas mayores o ambientes rurales, puesto que hoy asistimos a un proceso de secularización lingüística innegable, ni siquiera los profesores de Griego nos atrevemos a jurar por Zeus, pero sí decimos ojalá, invocando el beneplácito de Alá para nuestros deseos.
Lo único con cierto peso semántico que nos dejaron los árabes son, según Joseph Piel, circa 850 arabismos, aproximadamente un 8% sólo de nuestro léxico español, cuya base es latina y griega. De esos 850 muchos apenas se usan en la actualidad y , si no, que levante la mano quien sepa qué es alhucema, alerce, albaida, almoraduj, alhoja, almojarife, almotacén, zalmedina, adarme, azumbre, ajimez, algorín, alidada, aljofifa, alfareme,almejía,aduar, almarcha,guzla, añafil, aceifa, alfaraz, jáquima, ataharre, alfeñique, alcorza, almorí, arracadas, horro etc.etc.etc.
Poco numerosos son en español términos de procedencia árabe referentes a las emociones, al sentimiento, deseos, virtudes y vicios, pues la religión cristiana apoyó los términos latinos y el árabe sólo prestó nuevas acepciones. Únicamente heredamos arabismos en las manifestaciones de alegría p.ej. alborozo y alboroto y la ceremoniosidad de las salutaciones como zalema (zalamería).
Apenas empleamos ya las herencias de los indefinidos árabes fulano (fulan,uno) y mengano(man kana, el que sea)y de los nombres de colores que los árabes nos legaron sólo sobrevive el azul. El añil,el carmesí y el alazán se han refugiado en cuevas literarias para no deslucirse ni perder su cromatismo, hermosas y coloristas palabras cuya contemplación de nuevo sub solis luce resultaría agradabilísima.
El número de topónimos sí es algo más abundante. Su número va disminuyendo conforme se avanza de sur a norte en nuestra península, p.ej. los derivados de wadi río, como Guadalajara ( río de las piedras) o los hidrónimos Guadalquivir o Guadiana,los núcleos de población denominados Medina, los referentes a peculiaridades del terreno como Mancha, que significa altiplanicie,los que denominan enclaves administrados militarmente como Alcázar (a su vez del latín castrum fortaleza) o los formados con raíces como aben, ben, beni, abu, bu, bo, be,biní, que indican parentela, como en Benicasim.
El vocabulario bélico proporcionó voces a una tierra invadida como adalid, atalaya, rehén,tambor, alarde,acicate y zaga. La vida civil heredó términos como aldea, alcalde, almacén, barrio y juegos como el ajedrez con sus alfiles. Se adoptaron arabismos referidos a la decoración, edificación, útiles de la casa, profesiones o herramientas como adobe, alcantarilla,alcoba, andamio,azotea, rincón, zaguán, alfombra, almohada, jarra, taza, albañil, alfiler, alicates. El castellano tomó del árabe préstamos comerciales como aduana, ahorrar, alquiler,tarifa. Además los musulmanes introdujeron productos como el algodón, el azúcar, el azafrán y cultivaron alcachofas, berenjenas, naranjas y zanahorias regados gracias a las acequias, aljibes y albercas, que proporcionaron agua a los expertos jardineros de las adelfas, los alhelís, azucenas y azahares que los modernistas sembraron a posteriori en sus florilegios poéticos. Donde con armonía se unen el árabe y el latín es en el sintagma que denomina el alimento típico español, el aceite de oliva, del árabe azzayt y del latín oliva. En cualquier parte del mundo podría reconocerse como española, por sus cualidades olfativas y gustativas, una tortilla de patata hecha con aceite de oliva. Otros alimentos árabes se incorporaron a la dieta española como las albóndigas, el almíbar, los fideos y el mazapán.
Por último, es relevante mencionar el vocabulario científico de origen árabe que, efectivamente, seguimos empleando en nuestra lengua, como alquimia (tomado del griego), alcohol, jarabe,alquitrán, talco, alcanfor,cenit, nadir, auge, almanaque algoritmo, álgebra, cifra(< sifr “vacío”, del mismo proviene cero a través del italiano).
El cero fue un legado árabe sin parangón en la historia de las matemáticas.

Sin embargo, junto a esta maravillosa- pero escasa en comparación con otras lenguas –herencia lingüística musulmana, la lengua española sigue conteniendo alrededor de un 80% de latín y de griego y, si no olvidamos que el lenguaje conforma el pensamiento, podemos inferir que los españoles somos esencialmente grecorromanos en nuestro modo de describir,ver, construir y vivir el mundo, dado que en la pragmática, semántica, sintaxis, morfología y fonética del castellano, gallego y catalán preponderan las lenguas y la cultura clásicas.



N.B. El popular dicho " andarse por los cerros de Úbeda " se origina en la reconquista a los almohades de la ciudad jiennense de Úbeda, acontecida en 1233. Parece ser que uno de los más importantes capitanes del rey Fernando III el Santo, Álvar Fáñez (el Mozo), desapareció instantes antes de entrar en combate y se presentó en la ciudad una vez que ésta había sido reconquistada. Cuando le preguntó el rey dónde había estado, el capitán contestó que se había perdido por los cerros de Úbeda. La frase fue tomada irónicamente por los cortesanos, pues los cerros de Úbeda, no poseen la suficiente entidad como para justificar el extravío de los soldados y se perpetuó como signo de cobardía. Actualmente se usa cuando alguien interviene en una conversación con algo que no tiene nada que ver con lo que se está hablando y constituye una treta psicológica denominada también “cortina de humo”.

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