martes, 19 de junio de 2007

Mujer marmórea sobre el lecho del desamor

At regina graui iamdudum saucia cura

uulnus alit uenis et caeco carpitur igni.

multa uiri uirtus animo multusque recursat

gentis honos; haerent infixi pectore uultus

uerbaque nec placidam membris dat cura quietem.


Vulnus alit venis o la enfermedad del amor

El amor no con-vivido, no consumado es una enfermedad, una animi aegritudo que se transforma paulatinamente en morbus. Un morbus que acaba siendo letal, de un modo u otro, si no se interpone un difícil "Remedio" (ákos). Además es una nósos sin medidas preventivas, irracionalmente enviada por los dioses a los seres humanos, precavidos o no. Así nos lo dice el griego Eurípides en su Hipólito, cuando la nodriza se dirige a Fedra con estas palabras "Resígnate a estar enamorada,una divinidad lo quiso". En esta tragedia se trata al amor como nósos con unos ásema, unos indicios ( arjé tónde pemáton y ton aporréton kakón, comienzo de estas penas y de males indecibles). Males indecibles, dice el tragediógrafo.Siempre ha sido muy complicado describir el amor. El amor y la guerra son inenarrables, infandi,y sin embargo, las mejores obras de la literatura mundial narran los amores y las batallas de los hombres.Quizá sea lo más atractivo del asunto,saber que ni con las palabras más bellas,más precisas,austeras,sonoras...lograremos nunca pintar certeramente a Venus y a Marte, esencias clásicas de la vida. También se menciona en Hipólito el hecho de que aparecerá alguna medicina de esta enfermedad (ti tesde fármakon nosou), no obstante Fedra afirma "conozco un solo remedio, morir cuanto antes..."

Pasemos a Roma, al verso dos del Libro IV de la Eneida de Virgilio: Vulnus alit venis. Ésta es mi interpretación pseudo-médica:

Vulnus: la herida,la vulnerabilidad del amor que crece en el alma, y tras una fase incipiente,va desarrollándose paulatinamente in situ hasta alcanzar un desarrollo local anímico completo.

Alit :se alimenta. Los alimentos que recibe se mencionan en los versos siguientes,constituyen recuerdos de su amado que nutren la herida: virtus (no olvidemos su raigambre con vir,la atracción hacia lo masculino,la atracción de los contrarios), honos ( su jerarquía, su linaje elevado como el de Dido , la atracción de los iguales y la atracción por un hijo nada menos que de Venus), vultus (la expresión visual más personal del rostro del amado) y verba (la expresión conceptual,normalmente auditiva, a la que las feminae siempre han-hemos sido tan receptivas).

Venis: en sus venas, a partir de sus venas. Las venas transportan todos los nutrientes necesarios para el crecimiento de la herida, mediante la angiogénesis. Los haruspices,y no menos los iatroi de la Antigüedad conocían bien diversos tipos de tumores y su principal fuente de alimentación, la sangre. El flujo sanguíneo transporta a través de los conducta vasorum los alimenta, cuya última función es la metástasis somática de la herida sentimiental. Así se menciona en el quinto verso mediante el término membris, contagiados ya del mal de amor no se les otorga el placentero reposo.


Caeco carpitur igni:se rompe en pedazos en un ceguera ígnea,un ardor interno, apórretos, de pulso sanguíneo acelerado, los ojos nublados, esos síntomas del fuego interno que tan bellamente plasmó Safo, la "doctora" del amor.

Lo que no entiendo es que, si dicen los médicos que la taquicardia y la aceleración del pulso es una respuesta animal de preparación oxigenadora, para la huida,b ante un peligro amenazante, por qué los humanos -siempre tan sabios- no huimos del amor en cuanto notamos los primeros síntomas, sino que nos quedamos inmóviles en una especie de ataque morboso.

Así se ha quedado la chica de la pintura, triste amante paralizada.

Margarita Fernández

2 comentarios:

Juan Carlos Sesé dijo...

Me ha gustado mucho tu artículo denso sobre la enfermedad del amor. Hay una comparación en la poesía elegíaca clásica: la militia amoris, por la cual la batalla es sinónimo de conquista amorosa. Un famoso verso clásico castellano dice "A batalla de amor, campos de plumas" del conceptista Góngora. No deja de ser una gran verdad...

Roberto Tierno dijo...

Hola, Juan Carlos, es una suerte poder verte por aquí, en este inframundo poblado de sombras que ansían saber. Mencionas la militia amoris, ese genuino fruto romano que sólo en ese lugar y en ese momento de la historia pudo madurar. El hombre al servicio de la mujer. El amado esclavo de la amada. El amor como vínculo de servidumbre, obteniéndose a cambio nada más que desazón. Una quintaesencia de lo que es el amor lo leemos en Tibulo, Ovidio y Propercio: amoroso, cordial, generoso, el de Gabios; jovial, frívolo, lúdico, el de Sulmona; romántico, sentimental y enamorado de la muerte, el umbro.

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